Cap. II
Despúes de un rato algo de licor se me había subido a la cabeza y decidí preguntarle su nombre.
Ahora que estabamos sentados en la oscuridad del bar lo podía observar un poco mejor pasando algo desapercivida. Tenía dedos largos y delgados, como de pianista. Su pelo descansaba un poco sobre los ojos de manera grácil y jugaba continuamente con la copa, moviendo la aceituna verde de un lado a otro, como si la noche fuera eterna.
- Y... qué andas haciendo en un lugar como este? - Le pregunté estupidamente, para intentar romper el hielo.
- Nada -
Ahh siempre fue tan antipático!, tan difícil... pero al mismo tiempo era tan atrayente que me doblegaba; me hacía quererlo incluso sin conocer nada sobre él.
Qué podía decir yo?, me sentía tan estúpida, tan aplastada y humillada pero tan...bien.
- Ah...entonces, ¿no viniste porque estabas aburrido?-
Una pequeña sonrisa...la primera que le veo esbozar.
- ¿Dónde vives? -
- A media hora de aquí-
Tomó un pequeño sorbo e hizo una extraña mueca.
- Vive toda tu familia contigo? -
Él siempre fue así, impetuoso. Avasallador. Pero adorable...
- Y eso qué tiene que ver?-
- Soy amigo de Amelia. Ella es tu tía -
- Sí, lo era -
No sé explicar porqué pero no tenía miedo. Solo sentía rabia de que la razón de todo esto solo fuera mi tía.
Mi tía Amelia siempre fue llamativa, tanto para hombres como para mujeres. Todos la deseaban o la extrañaban. Era como un imán (excepto para su familia, claro) a pesar de su caracter alocado y rabioso.
Ella me gustaba porque transgredía reglas y no se dejaba llevar por las viejas trabas de la familia. Nunca supe si tenía sueños, pero se que luchó por ellos si es que estos existieron.
-Ella me conoció cuando se fue de su casa, para la navidad-
La navidad...
Maximiliano (así se llamaba) me traía recuerdos extraños.
Mi tía Amelia siempre fue inquieta. No soportaba nada de lo que le rodeaba. No soportaba las comidas familiares forzadas y mucho menos soportaba todo el cinismo de las reglas impuestas durante años.
No toleraba al bisabuelo, con sus eternas quejas, y odiaba a la bisabuela, que se esclavizaba ante su esposo. Ese machismo nauseabundo que se colaba por todas las paredes de la casa la mareaba. Ella no tenía la culpa de no pensar como ellos, de no doblegarse a voluntad. Y eso la hacía sentir culpable a veces.
Cuando la familia estaba reunida en torno a la mesa, ella los enfrentaba y hablaba sobre sus intereses, sobre sus pensamientos, sobre sus sueños.
La navidad del 96, cuando yo cumplía mis 10 años y ella sus 18, el ambiente se tornó tenso.
El bisabuelo pidió más pavo y la bisabuela se levantó de su asiento para servirlo. Amelia contemplaba con gracia la escena.
- Está helado- dijo él.
La abuela se volvió a parar de su asiento.
- Por qué no lo calientas tú?, intervino Amelia. -
Aura, su madre (y mi abuela) la hizo callar de una palabra.
Amelia se largó a reir burlonamente.
- La abuela trabajó todo el día y el abuelo estuvo sentado leyendo su diario de mierda toda la tarde-
Aura se levantó precipitadamente de su asiento y le gritó que se callara.
- Tu tambien eres una simple empleada mamá. Eres una pobre miserable -
Mi abuelo, Alberto, se levantó y le abofeteó la cara haciendo que su codo cayera sobre la ensalada.
Su cara blanca y hermosa ahora lucía una mejilla enrojecida, y sus ojos denotaban rabia pura.
- A ti tampoco te conviene, cierto papá? -
Mi abuelo Albertó la empujó de los hombros para que volviera a sentarse en su silla.
Amelia estaba llena de rabia.
Mi madre la ayudó a limpiarse y acarició su mejilla. No recuerdo si mi tía estaba llorando. Yo creo que no porque tampoco le importaba tanto el asunto.
Yo era una niña algo estúpida y volátil. Pero me agradaba mucho mi tía Amelia. Y, como la mayoría de los niños de diez años, amaba a mis abuelos y a mis padres. Y no entendía porqué todos peleaban.
Tampoco notaba mayormente la tensión reinante. Yo solo esperaba las doce para abrir mis regalos.
- Voy a estudiar música el próximo año - Dijo Amelia desafiantemente.
- ¿Y de qué vas a vivir?, Con tu padre no estamos dispuestos a pagar tus estupideces, Amelia. además, todos esos tipos son alcoholicos o drogadictos -
- No lo sé, tal vez me prostituya -Dijo amelia sonriendo.
La aceituna del martini de Maximiliano hizo que mi mente volviese al bar.
- Me la encontré un un parque. Estaba fumando yerba. le encantaba esa porquería -
Acomodó uno de sus mechones de cabello detrás de su oido y siguió hablando.
me dijo que se había ido de casa y me deseó feliz navidad. Sus ojos estaban un poco rojos. Me ofreció yerba y luego de eso...
- Esa fue la última vez que la vi - Le interrumpí.
Me extrañó que maximiliano cambiara su tono. Ahora incluso parecía agradable.

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