Dreams of Shadows

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Location: Chile, metropolitana, Chile

soy complicada y simple a la vez; como todo el mundo...

Sunday, August 20, 2006

Cap III

Una vez alguien me dijo que en el mundo hay dos clases de personas: unas fuertes, que no caen en depresiones y no se sienten vacíos. Son esos que tienen su vida establecida, que no se preguntan cosas mayormente, o que creen estupido hacerlo. No dejan de tener problemas, pero los superan facilmente y tal vez sienten que tienen que seguir sus vidas como siempre lo han hecho los otros seres humanos.Y hay otras personas débiles, que deben soñar para sanar las heridas que dejan las cosas inevitables, que nunca se confoman...
Creo que yo pertenecía al segundo grupo.
Mi imaginación fantaseaba con miles de quimeras que tal vez marcaban mi niñéz pero, es cierto, nunca se cumplieron. Y fue cuando conocí a Max que el mundo se empeñó en enmarcar cláramente mi debilidad frente a la fantasía.
Poco a poco decidí alejar los nubarrones que me escondían de la realidad y noté que no era una mujer bonita, y que jamás llegaría a tocar tan bien el violín como para arrancar algún suspiro. Tal vez nunca llegaría a viajar y tampoco volvería a ver a Max. Seguramente moriría antes de llegar a sentirme completa. Mis días tan grises se volvieron comunes y la gente caminaba en las calles ajena e impalpable como siempre lo había sido. Mis logros ya no significaban nada. Las metas se habían esfumado.¿Qué efecto producía este hombre en mí que lograba borrar el bálsamo que fabricaba mi mente para sobrevivir?, Él había corrido el velo de mis ojos sin siquiera quererlo (o eso es lo que yo creía). Ahora estaba yo sola con mi realidad y con la idea de que la muerte y la soledad son cosas inherentes a todo ser humano en algun momento de su vida. Y los humanos como yo nos ungimos de los sueños para sobrevivir a este tipo de catástrofes mentales. ¿Qué haría yo ahora?.

En fin, el día que conocí a Max caminamos durante horas por las calles del centro.
Primero recorrimos Alameda y llegamos a Plaza Italia. Luego nos devolvimos por las calles traseras, esas de casas grandes y viejas que a principio de siglo habian sido mansiones de gente adinerada y que hoy en día eran nidos de ratas con varias familias dentro.
Él parecía no tener miedo a nada. Ni a la oscuridad ni a los ladrones.
Nunca antes me había atrevido a pasar por esos lugares de noche, y me encantó hacerlo. Disfruté mucho las sombras que formaban los faroles sobre las callecitas pequeñas y estrechas, todo parecía una fantasía de cuentos.
Él apenas contestaba cuando le formulaba alguna pregunta para romper el "incómodo silencio"; pero me encantó darme cuenta, despúes de un rato, que disfrutaba de aquello.
Normalmente es una regla social autoimpuesta el entablar conversaciones con los demás, pero esa incomodidad se disipaba con Max.
Nosotros no necesitabamos palabras.

Monday, August 14, 2006

Cap. II

Despúes de un rato algo de licor se me había subido a la cabeza y decidí preguntarle su nombre.
Ahora que estabamos sentados en la oscuridad del bar lo podía observar un poco mejor pasando algo desapercivida. Tenía dedos largos y delgados, como de pianista. Su pelo descansaba un poco sobre los ojos de manera grácil y jugaba continuamente con la copa, moviendo la aceituna verde de un lado a otro, como si la noche fuera eterna.
- Y... qué andas haciendo en un lugar como este? - Le pregunté estupidamente, para intentar romper el hielo.
- Nada -
Ahh siempre fue tan antipático!, tan difícil... pero al mismo tiempo era tan atrayente que me doblegaba; me hacía quererlo incluso sin conocer nada sobre él.
Qué podía decir yo?, me sentía tan estúpida, tan aplastada y humillada pero tan...bien.
- Ah...entonces, ¿no viniste porque estabas aburrido?-
Una pequeña sonrisa...la primera que le veo esbozar.
- ¿Dónde vives? -
- A media hora de aquí-
Tomó un pequeño sorbo e hizo una extraña mueca.
- Vive toda tu familia contigo? -
Él siempre fue así, impetuoso. Avasallador. Pero adorable...
- Y eso qué tiene que ver?-
- Soy amigo de Amelia. Ella es tu tía -
- Sí, lo era -
No sé explicar porqué pero no tenía miedo. Solo sentía rabia de que la razón de todo esto solo fuera mi tía.
Mi tía Amelia siempre fue llamativa, tanto para hombres como para mujeres. Todos la deseaban o la extrañaban. Era como un imán (excepto para su familia, claro) a pesar de su caracter alocado y rabioso.
Ella me gustaba porque transgredía reglas y no se dejaba llevar por las viejas trabas de la familia. Nunca supe si tenía sueños, pero se que luchó por ellos si es que estos existieron.
-Ella me conoció cuando se fue de su casa, para la navidad-
La navidad...
Maximiliano (así se llamaba) me traía recuerdos extraños.
Mi tía Amelia siempre fue inquieta. No soportaba nada de lo que le rodeaba. No soportaba las comidas familiares forzadas y mucho menos soportaba todo el cinismo de las reglas impuestas durante años.
No toleraba al bisabuelo, con sus eternas quejas, y odiaba a la bisabuela, que se esclavizaba ante su esposo. Ese machismo nauseabundo que se colaba por todas las paredes de la casa la mareaba. Ella no tenía la culpa de no pensar como ellos, de no doblegarse a voluntad. Y eso la hacía sentir culpable a veces.
Cuando la familia estaba reunida en torno a la mesa, ella los enfrentaba y hablaba sobre sus intereses, sobre sus pensamientos, sobre sus sueños.
La navidad del 96, cuando yo cumplía mis 10 años y ella sus 18, el ambiente se tornó tenso.
El bisabuelo pidió más pavo y la bisabuela se levantó de su asiento para servirlo. Amelia contemplaba con gracia la escena.
- Está helado- dijo él.
La abuela se volvió a parar de su asiento.
- Por qué no lo calientas tú?, intervino Amelia. -
Aura, su madre (y mi abuela) la hizo callar de una palabra.
Amelia se largó a reir burlonamente.
- La abuela trabajó todo el día y el abuelo estuvo sentado leyendo su diario de mierda toda la tarde-
Aura se levantó precipitadamente de su asiento y le gritó que se callara.
- Tu tambien eres una simple empleada mamá. Eres una pobre miserable -
Mi abuelo, Alberto, se levantó y le abofeteó la cara haciendo que su codo cayera sobre la ensalada.
Su cara blanca y hermosa ahora lucía una mejilla enrojecida, y sus ojos denotaban rabia pura.
- A ti tampoco te conviene, cierto papá? -
Mi abuelo Albertó la empujó de los hombros para que volviera a sentarse en su silla.
Amelia estaba llena de rabia.
Mi madre la ayudó a limpiarse y acarició su mejilla. No recuerdo si mi tía estaba llorando. Yo creo que no porque tampoco le importaba tanto el asunto.
Yo era una niña algo estúpida y volátil. Pero me agradaba mucho mi tía Amelia. Y, como la mayoría de los niños de diez años, amaba a mis abuelos y a mis padres. Y no entendía porqué todos peleaban.
Tampoco notaba mayormente la tensión reinante. Yo solo esperaba las doce para abrir mis regalos.
- Voy a estudiar música el próximo año - Dijo Amelia desafiantemente.
- ¿Y de qué vas a vivir?, Con tu padre no estamos dispuestos a pagar tus estupideces, Amelia. además, todos esos tipos son alcoholicos o drogadictos -
- No lo sé, tal vez me prostituya -Dijo amelia sonriendo.
La aceituna del martini de Maximiliano hizo que mi mente volviese al bar.
- Me la encontré un un parque. Estaba fumando yerba. le encantaba esa porquería -
Acomodó uno de sus mechones de cabello detrás de su oido y siguió hablando.
me dijo que se había ido de casa y me deseó feliz navidad. Sus ojos estaban un poco rojos. Me ofreció yerba y luego de eso...
- Esa fue la última vez que la vi - Le interrumpí.
Me extrañó que maximiliano cambiara su tono. Ahora incluso parecía agradable.

Cap. I

A las 10 de la noche la oscuridad ya cubre completamente Avenida Alameda en un día normal en Santiago, la ciudad donde nací y donde siempre viví. Pero eso no aleja a la gente. Hay vendedores ambulantes, ladrones, drogadictos, predicadores, locos y familias completas que observan pequeños espectáculos de artistas callejeros; Todo esto aunque las tiendas y centros comerciales están completamente cerrados.
Aun así, también hay soledad y decadencia de un pueblo que a veces vive triste e intenta ahogar su soledad en la soledad de los otros.
La verdad es que difrutaba de todo este espectáculo nocturno; me gusta caminar por estas calles y mirar a la gente.
En paseo Ahumada todos se reunen en torno a núcleos de calor y vida. Todos parecían disfrutar con lo poco que quedaba del domingo por la noche tanto como yo disfrutaba mirándolos a ellos.
Es cierto, tenía algo de miedo. Miedo a que me robaran, miedo a volver a mi casa y sentirme vacía nuevamente. Pero también, a ratos, me agradaba ver que había gente que también caminaba sola. Siempre me pregunté qué andarían buscando, qué sentirían.
El tiempo avanzaba y mi aburrimiento comenzaba. Yo solía frecuentar un bar que queda junto al Museo de Bellas Artes. ¿Por qué una mujer sola y aburrida como yo no podría ir?. Despúes de todo, no quedaba lejos de donde yo me encontraba.
Una mujer delgada y atlética me llevó la carta. Debe ser vergonzoso decirlo, pero en esos tiempos solía ver los precios antes de decidir qué tomaría.
Tal vez un martini sería bueno para una joven y estúpida como yo que transitaba sola un domingo por la noche. Pero, espera Antonia, me dije a mí misma, y revisé al instante mi billetera que a penas conservaba un poco de dinero dentro; Había gastado todos mis ahorros en comprar un violín.
Me falta un poco para el Martini. Dije en voz baja. Tiene que quedar algo en mis bolsillos...
- Que sean dos Martinis -
La impresión y la verguenza me embargaban. Un tipo extraño había escuchado mis estupidas y miserables palabras.
Como la mesera se fue, debía resignarme.
Él estaba sentado en la mesa de al lado y no me dirigía la palabra. Me sentí muy incómoda y le expliqué que no podía pagar el trago.
- No te estoy pidiendo que lo pagues - Me respondió de una forma poco cortés.
- Gracias - Fue lo único que le dije en tono irónico y despectivo. Y mi timidéz mi impidió decir algo más.
Me daba verguenza mirar hacia el lado, así es que no tenía una imágen completa del extraño personaje que acababa de "conocer", pero sí me di cuenta de que llevaba una chaqueta negra delgada y larga. También pude notar que tenía facciones suaves y acabadas y el pelo largo y ondulado hasta los hombros.